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Archivado por octubre 2010


Comprar es la mejor receta para las farmacéuticas

octubre 31st, 2010 — 9:50am

El talonario de la industria farmacéutica se mantiene en buena forma. Mientras el entorno económico se recupera y las grandes empresas vuelven a la carga de las compras, los laboratorios grandes y pequeños no han dejado de protagonizar operaciones corporativas ni siquiera en lo más oscuro del pozo de 2009. En dos años, este sector ha realizado en torno a 1.000 fusiones y adquisiciones de distinto calado en el mundo, según los datos recopilados por Thomson Reuters.

La última en poner el dinero sobre la mesa ha vuelto a ser la primera farmacéutica del mundo, Pfizer. El laboratorio estadounidense conmovió el entorno económico en febrero de 2009 cuando, en plena crisis, pagó 68.000 millones de dólares (unos 46.100 millones de euros al cambio actual) por Wyeth. Hacía muchos meses que los mercados ni esperaban ni veían una operación de ese calibre. La misma Pfizer comunicó el pasado 15 de octubre la compra de la compañía King Pharmaceuticals por 3.600 millones de dólares (2.585 millones de euros) y la semana pasada, se hacía con el 40% de los laboratorios Teuto Brasileiro por 240 millones de dólares (173 millones de euros). En el aire, además, desde agosto, la opa hostil de 18.500 millones de dólares de Sanofi sobre Genzyme, cuyo consejo de dirección ha rechazado ya varias veces. El negocio de este sector es maduro y, hasta cierto punto, estable y la caja de estas empresas suele estar saneada. Salvo excepciones, no incurren en grandes financiaciones externas ni se endeudan en exceso.

Este proceso de compras de empresas es la receta mágica que esta industria lleva aplicándose desde 2000, desde la fusión de Glaxo Wellcome y SmithKline Beecham. La crisis estructural y una huida hacia adelante a través del talonario tiene menos que ver con los mercados financieros y la liquidez que en otros sectores. Más bien, se relaciona con la supervivencia de un negocio que está agotándose desde el punto de vista del pilar que le ha sustentado durante los últimos años, los fármacos superventas, y que necesita de una renovación profunda, muy difícil y muy lenta de llevar a cabo, sólo desde dentro de las propias empresas.

Siguiendo con el ejemplo de Pfizer, la primera farmacéutica mundial ha ostentado el privilegio de haber descubierto y haber tenido en su cartera de producto el medicamento más vendido de la historia, el Lipitor, para el tratamiento del colesterol. Este fármaco registraba unas ventas anuales de más de 12.000 millones de dólares. En 2009, amenazado ya por distintos productos genéricos y por otros medicamentos de marca para esta patología, vendió pese a todo por valor de 11.434 millones de dólares. Un medicamento se considera blockbuster o superventas desde que supera los 1.000 millones de dólares anuales en ventas y es el objetivo de todo laboratorio que una de sus innovaciones supere este tope.

Sin embargo, Lipitor pierde definitivamente la patente que le protege de la competencia de los medicamentos genéricos en 2012. A partir de ahí, el precio de venta del producto baja considerablemente, hasta un 30% en un primer momento y más posteriormente, al entrar en juego las reglas de libre mercado. Por elegir otra muestra de una empresa diferente, Zocor, un medicamento de Merck Sharp & Dohme (MSD) también para el tratamiento del colesterol, facturaba en 2005 unos 4.380 millones de dólares (3.148 millones de euros). Al año siguiente perdió su patente y desde entonces, sus ventas han caído más de un 80%. En 2009, su facturación se redujo a los 558 millones de dólares.

Aunque sea el Lipitor el ejemplo elegido, este problema de las patentes afecta a la gran mayoría de las farmacéuticas tradicionales. Según los expertos, hasta 2012 los laboratorios perderán más de 30.000 millones de dólares en ventas por la caducidad de estos derechos de propiedad. Más de 60 moléculas pueden dejar atrás esta protección en todo el mundo, en distintas fases.

Esta pérdida y la entrada en juego de los medicamentos genéricos es una de las razones que justifican las compras. Los productos a los que les caduca la patente no gozan de sustitutos inmediatos. La innovación farmacéutica actual no es en absoluto tan fructífera como hace dos décadas. Las enfermedades que acosan al grueso de la población están prácticamente cubiertas, con lo que es mucho más difícil encontrar un fármaco superventas. Ahora, la investigación ha de dirigirse a públicos más específicos y más reducidos, a tratamientos más caros como los oncológicos y los cardiovasculares o las vacunas.

Sin embargo, estas limitaciones no abaratan ni acortan los procesos de investigación que siguen rondando los 1.000 millones de dólares y los ocho años de dedicación.

Por eso, las farmacéuticas tienden a ojear a las pequeñas empresas, biotecnológicas en su gran mayoría, concentradas en algún proyecto que pueda reforzar su cartera de producto, o a compañías que complementen su oferta de fármacos, desde el punto de vista del lanzamiento incluso de su propia rama de genéricos como ya ha hecho Sanofi Aventis, o refuercen su posición en mercados estratégicos como Brasil, China o India.

En la última presentación de resultados de la compañía, el pasado mes de febrero, el consejero delegado de Roche, Severin Schwan, resumió en pocas palabras la realidad para su empresa y, sin quererlo, para el conjunto del mercado: “No sé por qué se siguen llamando emergentes si para Roche ya han emergido”, afirmó, haciendo referencia a que ya suponen el 25% de los ingresos de la compañía. Schwan aseguró que “la compañía está haciendo mucho esfuerzo en invertir en países como China y Brasil. Ya no sólo hacemos labor comercial o actividades de producción allí, sino que estamos abriendo centros de investigación en estos países. Hemos cambiado nuestra política con respecto a estos países añadiendo más I+D”. “Hay sitio para crecer más allá de EE UU”, afirmó. En esta misma línea se colocan compras como la de Pfizer a Teuto Brasileiro.

Redimensionar y pensar en el negocio

Las operaciones permiten a las empresas además acelerar un proceso de cambio interno tratando de proteger sus resultados al máximo. Permite recortar costes en plantillas de investigación y comercialización sobredimensionadas y en líneas de I+D no fructíferas, apoyando el nuevo desarrollo en los productos comprados.

Son muchos los altos directivos que opinan, por ejemplo, que el perfil del comercial tradicional de productos farmacéuticos, el visitador médico en España, está agotado y que ha de ser superado por profesionales que gestionen líneas de productos en lugar de las carteras completas y que sean capaces de dirigirse a los varios agentes, responsables ahora de las decisiones de compra de los medicamentos, como son los gerentes de los hospitales, los jefes de área o los profesionales de enfermería.

La industria española se mantiene en solitario

Si bien más de la mitad de las operaciones corporativas del sector farmacéutico han estado protagonizadas por empresas estadounidenses, grandes compañías europeas como Glaxo SmithKline, Sanofi Aventis, Roche o Novartis se han atrevido a sacar la billetera para entrar en el mercado a comprar. Sanofi, de hecho, anda inmersa en un proceso de opa hostil sobre la biotecnológica Genzyme desde el verano, por la que ha ofrecido 18.500 millones de dólares. Roche es la menos interesada en grandes fusiones porque “impactan de un modo profundo en la empresa”, pero siguen “interesados en compras de empresas de tamaño medio”, tal y como afirmó su propio consejero delegado Severin Schwan en una entrevista a Cinco Días en febrero.

En España, sin embargo sólo una empresa se ha atrevido a hacer frente a una gran compra. Grifols se lanzó a comprar Talecris por 2.800 millones de euros más otros 500 millones de deuda el pasado mes de junio. Fue una operación arriesgada porque suponía asumir más de 3.700 millones de euros de deuda y porque implicaba tomar el control de una empresa más grande que ella misma. Sin embargo, de este modo, la española se posiciona como tercer grupo mundial de un segmento muy específico, los hemoderivados, y diversifica sus mercados. España deja de representar el 25% de su negocio y gana peso en EE UU y Canadá. Un movimiento estratégico de futuro para una compañía de un tamaño medio en el gran sector de las farmacéuticas.

El resto de los laboratorios farmacéuticos españoles no han hecho, de momento, movimiento alguno. Y eso que Jorge Gallardo, presidente de Almirall, avanzó en la junta general de accionistas del laboratorio que las compras eran necesarias en el entorno particular que vive el sector en España. “Las grandes multinacionales se fusionan y compran medicamentos en contextos difíciles para salvar el año; aquí tendrá que hacerse lo mismo, sino no quedará gran cosa”, afirmó.

Sin embargo, las empresas españolas tienen que hacer frente a los recortes en los precios de los fármacos que ha aprobado el Ministerio de Sanidad en el último año y que suponen una reducción del gasto de unos 2.700 millones de euros. Afectan tanto a los medicamentos genéricos como a los protegidos por patente.

Para los laboratorios innovadores supondrá, según los cálculos de Farmaindustria, la patronal española de los laboratorios innovadores, “alrededor de un 10% menos de facturación de media”. Según un directivo de un laboratorio español, “para acometer inversiones de futuro local e internacionalmente, debemos de ser fuertes en nuestro mercado. Con la bajada de precios y la incertidumbre añadida por el ministerio, que puede hacer nuevos recortes cuando quiera, la compañía será mucho más prudente a la hora de iniciar cualquier inversión”, sea del tipo que sea.

Cinco dias

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El sector naval se está recuperando

octubre 30th, 2010 — 9:48am
El secretario general de la Federación del Metal, Construcción y Afines de MCA-UGT Asturias, Eduardo Donaire, es uno de los que mejor conocen las interioridades del proceso que desembocó en la liquidación de Juliana. Donaire se muestra optimista sobre el futuro del astillero y cree que el sector naval ya ha empezado a recuperarse.
-¿Tiene futuro el naval?
-Se está recuperando y que lo digan la Gerencia del Sector Naval y el Ministerio de Industria supone mucho. Todavía no se contrata como en épocas buenas, pero se está avanzando.
-Juliana ya no existe. ¿Qué va a ocurrir ahora?
-Juliana ya no existe, pero hay una instalación industrial para construir barcos. Si un comprador la adquiere y la pone en activo se pueden generar ahí entre 700 y 900 empleos. No mantener esta industria sería un desastre desde el punto de vista social, económico y de tradición de la construcción naval en Gijón.
-¿Por qué están tan seguros de que la operación va a salir bien?
-Porque hay un comprador. Más del 90% de las empresas que entran en liquidación desaparecen porque no hay nadie que quiera comprarlas.
-¿Por qué salió mal la operación diseñada para salvar Juliana?
-El convenio de acreedores se presentó tarde y mal. No se habló con todo el mundo en esta región y todos teníamos algo que decir. Al final, tras la condonación de la deuda, Vulcano no tenía que pagar una cantidad muy grande, sólo 12 millones. De repente, plantearon hacer una segunda hipoteca en unos terrenos superhipotecados y vimos que ahí había algo raro. Se nos encendió la luz roja y, a continuación, analizamos el informe de la empresa y también el de los administradores concursales que, desde la primera línea hasta la última, ponían muchas reservas al convenio.
-¿Cuándo y por qué se torció la ‘hoja de ruta’?
-El 22 de junio se presentó el borrador del convenio. Todo iba bien hasta ese momento, pero empezaron a poner problemas. Primero que había que quitar una nave; luego, una grúa y una máquina de soldar. Ponían problemas constantemente y, a finales de agosto, ni siquiera se había firmado el acuerdo de compraventa entre Vulcano y Armón porque querían quitar todos los anexos donde figuraban los bienes de la empresa. Llegamos a la conclusión de que había gato encerrado.
-¿A qué jugó Vulcano?
-Es evidente que querían salir lo mejor posible de esta situación y que esto no contaminase a su astillero de Vigo. Nos parece bien, pero hicieron cosas extrañas. Por ejemplo, no tuvieron ningún interés en tratar el asunto con nosotros.
-¿Cuándo se dieron cuenta de que el acuerdo no iba a salir?
-Cuando vimos que todo estaba basado en la fusión entre Vulcano y Juliana. Eso destapó que el convenio no marcaba como el objetivo prioritario que la instalación siguiera funcionando y haciendo barcos.
-Una ambigüedad calculada ¿Qué había detrás?
-No lo sé. Como son unos terrenos tan apetitosos desde el punto de vista del lugar en el que están, primera línea de playa, todo el mundo habla de especulación. ¿Era el objetivo? No lo sé. No me lo han dicho. En su momento, Santodomingo estaba de acuerdo con trasladar la instalación al Musel. Hubiese sido una buena operación, pero, una vez que eso no salió, ahora lo prioritario es que se sigan haciendo barcos. En esta historia el juez fue siempre detrás de la empresa para tratar de llegar a un acuerdo, cuando habitualmente es al revés. Lo intentó desde el primer momento para que la empresa tuviera continuidad. Sin lugar a dudas, su labor en esta historia ha sido impresionante.
-¿Tensó demasiado la cuerda Vulcano?
-Sí. Dos días antes de la junta de acreedores dieron marcha atrás y lo que no les valía en agosto con Armón ya les valía entonces. Tensó la cuerda demasiado y acabó rompiendose.
-¿Qué riesgos hay ahora?
-Quien tiene el protagonismo absoluto ahora es el juez de lo Mercantil. Por la información que tengo y los mensajes que nos llegan, quiere que esto se solucione rápidamente.
-¿Cuál es el peligro?
-Que venga más gente. Ahora, empresas interesadas en hacer buques que yo sepa no hay ninguna más que Armón. Llegó a haber hasta un empresario ruso dispuesto a comprar Juliana y también uno colombiano, pero ahora sólo hay una oferta.
-¿Barajan la posibilidad de otras ofertas que prevean no hacer barcos?
-Cualquiera que tenga dinero podría comprar pensando en una posible recalificación urbanística. Con el equipo de gobierno actual no hay peligro, pero con otros equipos políticos de otros partidos podría ocurrir. El juez, sin embargo, debe valorar que hay una oferta económica y de generación de empleo. Puede haber otras que den más dinero, pero sin generación de empleo.
-¿Cambiará la política industrial del Principado con la salida de Areces?
-Espero que cambie para bien. Javier Fernández es un defensor nato de la industria, es un ingeniero y ha sido consejero de Industria. Es un experto en temas de energía y un gran enamorado de la industria. Sabe mucho de esto y tiene claro que Asturias es lo que es porque tiene industria, minería y energía. No quiero decir que el presidente actual no haya apostado por la industria, que también lo ha hecho, pero con Javier da gusto hablar de este tema.
-¿Que opina del nuevo ministro de trabajo?
-A nosotros nos merece una buena consideración. Tuvo relación con Asturias porque fue presidente de los Fondos de Formación de Empleo. Conoce muy bien esta región por los procesos de reconversión que se vivieron en su momento. Sigue afiliado a UGT y fue durante un tiempo presidente o director de una fundación de la siderurgia que tenemos en Bilbao. Tiene cercanía a nosotros. No sé si eso es bueno o malo. Espero y confío en que se note su presencia en lo que está pendiente porque la negociación colectiva, por ejemplo, nos preocupa mucho.
-¿La reforma de las pensiones?
-Espero que no busque fórmulas que nos hagan ir a una, a dos o a diez huelgas generales como en Francia. También espero que el reglamento de la reforma laboral arregle alguno de los problemas de la ley.

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UGT dio un pelotazo de 1,8 millones con la compraventa de unos solares

octubre 29th, 2010 — 9:43am

La cooperativa de vivienda de la UGT de Catalunya, Qualitat Habitatge Social, pegó en el 2004 un pelotazo de 1,8 millones de euros, al revender una serie de solares en el Raval a un precio cuatro veces superior al que pagó cinco años antes, tal como se aprecia en los documentos del registro de la propiedad consultados por este diario. A simple vista no se observa nada irregular, legalmente hablando, aunque desde otros puntos de vista surgen mil y un interrogantes. Por ejemplo, ¿cómo es posible que una empresa creada por un sindicato con el único objetivo de construir pisos sociales para la «clase trabajadora», según su web, tenga unos terrenos en el centro de Barcelona paralizados durante cinco años? ¿Puede un sindicato atacar la especulación inmobiliaria y el régimen de plusvalías y luego revender un solar al 400% de su coste?

Estas y otras preguntas no pudieron ser formuladas al sindicato. Toda respuesta que encontró este diario por parte de la centenaria entidad fue que la UGT «no tenía nada que decir» al respecto.

Según reza en su página web (www.qhs.cat), la UGT de Catalunya «consciente de las dificultades de acceso a una vivienda digna y asequible por parte de las clases sociales con menos poder adquisitivo» promovió la creación de una sociedad mercantil, la actividad «fundamental» de la cual es dar respuesta a esta problemática. El principal objetivo de Qualitat Habitatge Social es «conseguir unos precios finales de las viviendas que permitan su adquisición a las clases trabajadoras».

LA COMPRA DE 1999 / Con este fin, la cooperativa compró en abril de 1999 un almacén de dos pisos con fachada a la calle del Cid, 11 y a la de Mina, 2 junto con otro solar, que da al Portal de Santa Madrona, 8 bis y Mina, 4 por 98 millones de pesetas, es decir, 588.931 euros. Esas fincas se hallaban situadas en una reserva de vivienda social que delimitó el plan especial de reforma interior del Raval (PERI) de 1985. Es decir, compró esos solares porque era una cooperativa de pisos sociales. Eran, por tanto, piezas vedadas a las promotoras privadas.

Lo cierto es que la cooperativa, por los motivos que fueren y que prefiere no explicar, no se lanzó a construir la vivienda social como cabría esperar. Pasaron los años y, en el 2003 se modificó el PERI del Raval en el sector de las fincas. En concreto, se introdujo la posibilidad de construir una torre de gran altura (respecto a las colindantes) con el objetivo de esponjar ese denso tejido. No se aumentó la edificabilidad del conjunto, pero disminuyó drásticamente el porcentaje de vivienda social que esa torre iba a albergar. Si antes era del 100%, pasó al 25%.

Estos cambios, con la aparición de un techo de pisos de venta a precio de mercado del 75%, se consolidaron urbanísticamente en julio del 2004, mediante una modificación del Plan General Metropolitano (PGM). UGT vendió sus fincas dos meses después por 2.343.947 euros a Inversiones Lengar.

VENTA FINAL / Es obvio que estos solares deben albergar en su subsuelo algún producto milagroso o, muy posiblemente, petróleo, porque justo dos años después, en septiembre del 2006, la empresa Barcelona Investments los compró por 7,95 millones. Casi 14 veces el precio de 1999 y más de tres veces el coste del 2004.

El periodico

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