En el día a día se utiliza con habitualidad el concepto estafa muy a la ligera y sin saber en realidad a que obedece. Con este Post, nuestros Abogados delito de Estafa en Málaga quieren dar una visión general y definitiva de este tipo delictivo.

Si tienen un expediente por delito de estafa en Málaga no dude en consultar con nuestros especialistas. 

Según el criterio de nuestros Abogados delito de estafa en Málaga, el Artículo 248 del Código Penal, establece que “Cometen estafa los que, con ánimo de lucro, utilizaren engaño bastante para producir error en otro, induciéndolo a realizar un acto de disposición en perjuicio propio o ajeno…”

A grandes rasgos se observa en el Delito de Estafa, un perjuicio patrimonial que se produce como consecuencia de una conducta engañosa. El bien jurídico protegido en este delito, es el patrimonio ajeno que pueda ser objeto material de este, el cual puede estar compuesto entre otros por: bienes muebles, bienes inmuebles o derechos. Si bien el Derecho va dirigido a proteger el patrimonio, el cual a su vez es un elemento distintivo de la naturaleza de este delito, no podemos obviar que la estafa también lesiona la buena fe y las relaciones de confianza de carácter jurídico.

Abogados delito de estafa en Málaga

Elementos del Delito de Estafa en Málaga

Como en todos los delitos, el delito de estafa debe presentar una serie de elementos que le encuadran y por tanto diferencian de otros delitos. El elemento característico y esencial en la estafa, es el engaño, el cual va a diferenciarla de la figura del delito de apropiación indebida. De esta forma, vamos a encontrar establecidos en la Jurisprudencia, aquellos elementos distintivos que no solo van a distinguir este delito de otros con los que guarda cierta similitud, sino también de cuestiones de materia Civil, ajenas a la Jurisdicción Penal.

Si bien hemos señalado que el engaño ocupa un lugar central en esta figura, la doctrina y la jurisprudencia señalan los siguientes elementos estructurales:

abogados delito de estafa en la ciudad de malaga2

Engaño Previo Bastante: La utilización de un engaño previo bastante, por parte del autor del delito de estafa en Málaga, para generar un riesgo no permitido para el bien jurídico ( primer juicio de imputación objetiva ); esta suficiencia, idoneidad o adecuación del engaño ha de establecerse con arreglo a un baremo mixto objetivo/subjetivo, en el que se pondere tanto el nivel de perspicacia o intelección del ciudadano medio como las circunstancias específicas que individualizan la capacidad del sujeto pasivo en el caso concreto. Cuente con la profesionalidad de nuestros Acto de Disposición Patrimonial: Debe darse también un acto de disposición patrimonial del sujeto pasivo (engañado), debido precisamente al error, en beneficio del autor de la defraudación o de un tercero. Este acto de disposición voluntario, consecuencia de lo anterior, deberá causar un perjuicio patrimonial a la víctima del engaño, de la forma que se describe en el punto cinco. Esta disposición patrimonial puede consistir por ejemplo en la entrega de una cosa, o en la prestación de un servicio, siempre de forma voluntaria. Ese acto voluntario que desencadena el perjuicio, también diferencia al delito de estafa de los delitos de apoderamiento. para su asesoramiento jurídico Penal.

Acto de Disposición Patrimonial: Debe darse también un acto de disposición patrimonial del sujeto pasivo (engañado), debido precisamente al error, en beneficio del autor de la defraudación o de un tercero. Este acto de disposición voluntario, consecuencia de lo anterior, deberá causar un perjuicio patrimonial a la víctima del engaño, de la forma que se describe en el punto cinco. Esta disposición patrimonial puede consistir por ejemplo en la entrega de una cosa, o en la prestación de un servicio, siempre de forma voluntaria. Ese acto voluntario que desencadena el perjuicio, también diferencia al delito de estafa de los delitos de apoderamiento. Conducta Dolosa y con Ánimo de Lucro: La conducta engañosa ha de ser ejecutada con dolo y ánimo de lucro. Esto implica una relación entre el perjuicio patrimonial de la víctima y un beneficio que finalmente obtendrá quien comete el  delito de estafa en Málaga.

Error del Sujeto Pasivo: El engaño ha de desencadenar el error del sujeto pasivo de la acción. Es decir que la víctima del engaño mencionado en el primer punto, y como consecuencia de este y de su eficacia, termine por incurrir en un error, que le conduzca a realizar determinadas acciones, motivadas por las premisas falsas a las que se ha visto expuesta.

Perjuicio para la Víctima; De ella tiene que derivarse un perjuicio para la víctima, perjuicio que ha de aparecer vinculado causalmente a la acción engañosa y materializarse en el mismo el riesgo ilícito que para el patrimonio de la víctima supone la acción engañosa del sujeto activo. En caso de que no exista la mencionada relación entre el engaño y el perjuicio, no existe delito de estafa.

Abogados Especialistas en Delito de Estafa en Málaga

«Baste ahora con recordar la doctrina de esta Sala acerca de la suficiencia del engaño y el fundamento del principio de autoprotección. Decíamos en nuestras SSTS 832/2011, 15 de julio, 1188/2009, 19 de noviembre; 687/2008, 30 de octubre y 425/2008, 27 de junio, que es entendible que la jurisprudencia de la Sala Segunda, en aquellos casos en los que la propia indolencia y un sentido de la credulidad no merecedor de tutela penal hayan estado en el origen del acto dispositivo, niegue el juicio de tipicidad que define el delito de estafa en Málaga.

La STS 928/2005, 11 de julio recuerda que esta misma Sala, en diversas sentencias, ha delimitado la nota del engaño bastante que aparece como elemento normativo del tipo de estafa, tratando de reconducir la capacidad de idoneidad del engaño desenvuelto por el agente y causante del error en la víctima que realiza el acto de disposición patrimonial, en adecuado nexo de causalidad y en su propio perjuicio, a la exigencia de su adecuación en cada caso concreto y en ese juicio de idoneidad tiene indudablemente importancia el juego que pueda tener el principio de autorresponsabilidad, como delimitador de la idoneidad típica del engaño. Como afirma un autor clásico de la doctrina penal española «…una absoluta falta de perspicacia, una estúpida credulidad o una extraordinaria indolencia para enterarse de las cosas, puede llegar a ser causa de que la defraudación, más que un producto de engaño, deba considerarse tanto efecto de censurable abandono, como falta de la debida diligencia», y en el mismo sentido la STS de 21 de septiembre de 1988 afirma que el derecho penal no debería constituirse en un instrumento de protección patrimonial de aquéllos que no se protegen a sí mismos. Más recientemente no faltan pronunciamientos de la Sala en este mismo sentido y así la STS 161/2002 de 4 de febrero, con cita de otras sentencias -SSTS 1285/98 de 29 de octubre, 529/2000 de 27 de marzo, 738/2000 de 6 de noviembre, 2006/2000 de 22 de diciembre, 1686/2001 de 24 de septiembre- tiene declarado que «no puede acogerse a la protección penal que invoca quien en las relaciones del tráfico jurídico económico no guarde la diligencia que le era exigida en atención al puesto que ocupaba en el contexto en el que se produce el engaño». En el mismo sentido SSTS 880/2002 de 14 de mayo y 449/2004 de 2 de abril.

La credibilidad de la Víctima en la Estafa

En tales supuestos, la ponderación del grado de credulidad de la víctima no puede hacerse nunca conforme a reglas generales estereotipadas. De hacerlo así se corre el riesgo de desproteger a quien por razón de sus circunstancias personales es más vulnerable y precisa de mayor tutela, pues la metodología del fraude admite estrategias bien distintas, con un grado de sofisticación variado. La exclusión de la suficiencia del engaño a partir de la relajación del sujeto engañado no deja de encerrar importantes problemas. Llevando al extremo la idea de desprotección y, en definitiva, de no merecimiento de la tutela penal que reivindica la víctima de cualquier despojo, podríamos afirmar que aquel a quien se hurta su cartera porque descuidadamente le asoma en el bolsillo de su pantalón trasero, aquel que confiadamente se pasea en horas nocturnas en zona especialmente conflictiva o aquel que es objeto de una defraudación porque entrega una tarjeta bancaria para pago en un establecimiento de dudosa reputación, ha de soportar las consecuencias de una acción delictiva ante la que el sistema jurídico no le proporciona defensa.

De ahí que, salvo supuestos excepcionales, la doctrina que ahora invoca el recurrente sea de aplicación preferente a aquellos casos en los que la estrategia engañosa del autor se desenvuelve de tal forma que convierte a la víctima en astuto aspirante a ser él quien de verdad defrauda. En efecto, la experiencia ofrece no pocos supuestos –algunos de ellos fiel expresión de una picaresca de doble recorrido- en los que la puesta en escena desplegada por el autor alienta en la víctima, en un momento dado, la posibilidad de ser ella la que obtenga una valiosa ganancia a costa del verdadero sujeto activo. Es quizás en estos casos cuando el derecho penal debe contemplar con verdadera prudencia el merecimiento de tutela de aquel que ha sido defraudado en su afán por ser él quien engañe a quien le ofrece una transacción irresistiblemente lucrativa».

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