La jurisprudencia de esta Sala tiene establecido que el delito de tráfico de precursores se trata de un tipo delictivo de mera actividad, toda vez que el elemento objetivo se realiza por el mero hecho de tener en su poder los equipos, materiales y sustancias referidas, en el que el dolo no solo cubre la acción típica, sino otras a las que sirve de antesala o propósito; a esto se refiere el precepto cuando exige para la integración del tipo que el poseedor actúe a “sabiendas”.

Es obvio, señalan nuestros Abogados Penalistas, la relación entre el delito de tráfico de precursores y el delito de tráfico de drogas estudiado por nuestros Letrados.

El adelantamiento de la protección penal ha supuesto considerar como objeto del delito no solo las drogas ya elaboradas sino los productos que se denominan sus “precursores“. La respuesta penal se anticipa así al momento de la realización de los actos meramente preparatorios, adelantando las barreras de intervención penal; de modo que así como la posesión de drogas es punible cuando va acompañada del propósito de difundirlas, la posesión de los precursores solo lo es cuando se tiene conciencia de que van a ser ilícitamente utilizados en el cultivo, la producción o fabricación de drogas (SSTS 477/2001, de 26-3; y940/2011, de 27-9), detenido por posesión de drogas.

Por consiguiente, al constar acreditado en el presente caso que los acusados tenían en su poder sustancias catalogadas como precursores y que se dedicaban a distribuirlas con su vehículo, es claro que concurre el elemento objetivo del tipo penal, pues “tenían en su poder” las sustancias cuya detentación con destino a la confección de drogas, sustancias estupefacientes o psicotrópicas prohíbe el C. Penal.

Y en lo que respecta al elemento subjetivo del tipo penal, ya se argumentó en el fundamento precedente que concurrían indicios claros de que eran sabedores de que la distribución de los precursores tenía como destino final la confección de drogas prohibidas por el art. 368 del texto punitivo. Así lo constatan las medidas de reserva y precaución que adoptaban para transportar los precursores; el contacto con personas vinculadas al tráfico de sustancias estupefacientes; el afloramiento de los beneficios económicos que obtenían con la distribución clandestina; y la inexistencia de datos objetivos que justifiquen la compra de importantes cantidades de sustancias calificadas como precursores y otras destinadas al corte y elaboración de drogas prohibidas, habida cuenta que no aparecen indicios de que la mercancía adquirida fuera dedicada a actividad comercial o industrial de carácter lícito.

Ha de quedar pues excluida la calificación jurídica de conspiración que postula la defensa, dado que la anticipación de la consumación delictiva que se prevé en el art. 371.1 del C. Penal dificulta sobremanera la posibilidad de aplicación de los actos meramente preparatorios, al penar el propio precepto la mera tenencia de precursores sin necesidad de que se lleguen siquiera a distribuir, y mucho menos todavía se exige la elaboración de la sustancia estupefaciente. Ambos aspectos objetivos no son exigidos por el tipo penal, circunstancia que imposibilita que prospere la tesis que postula la defensa, visto el margen estrechísimo que deja abierto el legislador para que opere la tipificación de la conspiración delictiva».

El Tribunal de instancia, acertadamente, señala que el hachís y la marihuana incautadas al acusado no son sustancias que causan grave daño a la salud. Tampoco lo es el “alprazolam”, incluido en la Lista IV del Convenio de Viena, y así lo ha declarado esta Sala en diversas ocasiones, entre otras en la STS no 109/2001 de 1 de febrero, en la que reiterando lo establecido en otras resoluciones precedentes, como las SS.T.S. de 21 de diciembre de 1995 y 1 de febrero de 1.999, señala que “la sustancia “alprazolam” La sustancia “alprazolam” -que coincide sin duda con la que identifica como “alzaprolam” la última de las sentencias mencionadas- es el componente activo del fármaco “Tranquimazin” que tiene, sin duda, la consideración de psicotrópico aunque sus efectos e indicaciones ponen de relieve que no se trata de una sustancia cuyo consumo pueda producir graves riesgos para la salud, salvo en casos de ingesta masiva y descontrolada. “Se trata – se dice en la S. de 1-2-99- de un agente ansiolítico con actividad específica en crisis de angustia. El Alzaprolam produce menores efectos que el Diazepan, especialmente en cuanto a somnolencia, aturdimiento, depresión y confusión. Los efectos secundarios, si se producen, se observan generalmente al principio del tratamiento y normalmente desaparecen con el uso típico continuado o con disminución de las dosis. En definitiva, se trata de un fármaco de análoga naturaleza que el Rohipnol que, por acuerdo de esta Sala, se ha considerado que no perjudica gravemente a la salud.

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